LA EDICIÓN REGRESO DE CLASES
Con sus emocionantes actividades, deliciosa comida y aguas frescas recién preparadas, la Fiesta del Sol en Pilsen celebró recientemente su 54ta. edición. El festival siempre ha sido impulsado por la comunidad que construyó el vecindario, pero el evento de cuatro días de este año tuvo un significado especial para los residentes más antiguos quienes observaron cómo su barrio evoluciona a su alrededor de diversas formas, incluso para aquellos que regresan de visita.
Para los residentes que retornan, el festival sirve como una manera de conectar sus raíces con su vida actual. Diego García, quien comenzó a asistir desde los 13 años, volvió en esta ocasión tras una pausa de tres años para compartir la experiencia con personas ajenas a su círculo de la infancia.
“Cuando era más joven no le daba muchas vueltas al asunto, pero ahora que soy mayor he hecho amigos en la universidad que no son de la ciudad, del estado, ni siquiera del país … traerlos aquí y verlo todo a través de una mirada nueva es genial, ya que te cuentan qué les parece interesante o qué cosas suceden aquí que no ocurren en sus lugares de origen”, dijo García.
Adrean Vargas, oriundo de Pilsen, dijo que volver a la Fiesta del Sol cada año es una tradición personal que mantiene desde niño, habiendo sido testigo de los cambios que habrían de llegar.
“Recuerdo que mis padres me traían y me compraban elotes, frituras y otras chucherías”, dijo Vargas. “Es uno de los pocos festivales que espero con ilusión cada año; mis amigos, mis familiares y yo ya sabemos que es una cita fija para venir y encontrarnos. Y, por muy ocupados que estemos, siempre sacamos tiempo para ello. Así que es, en cierto modo, un lugar al que venimos para reconectar”.
Según la Biblioteca Pública de Chicago, ese profundo sentido de identidad comunitaria se remonta a principios de la década de 1970, cuando el Pilsen Neighbors Community Council encabezó la lucha popular para empujar a la ciudad de Chicago a construir la Benito Juárez Community Academy.
En 1973, los líderes locales organizaron un festival callejero de dos días para celebrar la victoria de haber conseguido la escuela secundaria. Fue así que aquella fiesta vecinal evolucionó hasta convertirse en la Fiesta del Sol, años antes de que la academia abriera oficialmente sus puertas en 1977.
Hoy en día, ese legado perdura a través de iniciativas como el fondo de becas Guadalupe A. Reyes, que ha otorgado más de 1.1 millones de dólares a estudiantes del suroeste de Chicago.
Alani Jiménez, un caricaturista quien desde 2022 viaja desde Pensilvania para trabajar en el festival, comentó que dibujar a familias de varias generaciones le ha permitido presenciar en primera fila la evolución de las tradiciones de Pilsen.
El festival también presentó sus tradiciones anuales a través de instalaciones artísticas distribuidas por todo el recinto; este año, la obra destacada fue “The Story of Us”, creada por cinco artistas radicados en Chicago quienes resaltaron las raíces inmigrantes de las familias locales, desde los campos hasta las calles del barrio. La propuesta busca reimaginar a Estados Unidos al ampliar qué historias se cuentan, y quién las cuenta, para construir un país más justo para todos.
Marimar Juárez, de Hernandez Creations, comentó que lleva más de 10 años vendiendo sus productos en la Fiesta del Sol y que ha observado algunos cambios a lo largo del tiempo que ha participado en el evento.
“Antes había muchos mexicanos y ahora está más revuelto,” dijo Juárez. “Pero a través de los años, me he sentido muy motivada con toda nuestra gente latina”.
Para los asistentes veteranos, esos cambios implican la pérdida de tradiciones muy queridas, como House of Sol, el emblemático escenario de música house del festival que no se llevó a cabo este año.
“Extraño la House of Sol. Era algo que realmente me gustaba. Llevaba a todos mis amigos y bailábamos. Venía todos los días —jueves, viernes, sábado y domingo— y bailábamos toda la noche. Y ahora ya no puedo”, dijo Vargas. “Sé que no es un festival glamuroso ni traen artistas caros para actuar ni nada por el estilo, pero se trata más bien de la tradición, de la nostalgia y de lo que representa en su historia”.
Al concluir el festival el domingo 26 de julio, los asistentes reflexionaron sobre lo que los motiva a volver año tras año.
“Me encanta ver cómo todos se reúnen. La comunidad, los latinos, pero también ver a mis viejos amigos, a la gente con la que crecí y a antiguos vecinos; a algunos no los veía desde hace cinco o diez años y ahora me los encuentro por casualidad. Así que siempre llego con la ilusión y la curiosidad de saber a quién me voy a encontrar después de una década”, dijo Vargas.
Editado por Antonio Chaves
Este articulo también está publicado en la edición impresa del Chronicle.