LA EDICIÓN REGRESO DE CLASES
Para la artista Frida Mejia, el arte debe crear comunidad. Recientemente graduada en bellas artes en Columbia, ha vivido toda su vida en La Villita admirando el sentido de comunidad en el que creció, viendo a sus vecinos apoyándose el uno al otro.
“Creo que es muy importante que creemos nuestro propio espacio y lo ocupemos”, dijo Mejia, originalmente en inglés.
El trabajo de Mejia se enfoca en el arte público como murales y retratos en exposiciones, en los que explora temas relacionados al barrio de La Villita, enfocándose específicamente en la fisicalidad del amor y su identidad como latina.
Estos temas se encuentran presentes en su exhibición de arte titulada “Soñando con tu amor” en los que destacan retratos, tanto grandes como pequeños en colores vivos. Por ejemplo, en uno se puede apreciar a alguien sosteniendo a un bebé con alas, y en otro a dos mujeres desnudas con un varón al costado de una de ellas.
Lo que más llama la atención de los murales de Mejia es su tamaño. Ella dijo que la obra ya no es solo para el artista, sino que también es para una gran audiencia ya que se presenta de manera pública.
Cuando Mejia estaba terminando la preparatoria, se unió a la organización de arte Yollocalli Arts Reach. Yollocalli es parte del Museo Nacional de Arte Mexicano, y según su sitio web, ofrece una programación artística y cultural para los jóvenes.
En Yollocalli, Mejia dijo que aprendió a perfeccionar su estilo de arte, especialmente saliendo de su cascarón y siendo más sociable con otros artistas, colaborando con ellos y ganando más confianza en ella misma.
Fue allí que Mejia produjo su primer mural colaborando con otros artistas en el vecindario de Bridgeport. Trabajó con Cecilia Beaven, profesora adjunta de bellas artes aquí en Columbia y crearon un mural en el que se aprecian alebrijes abrazados uno al otro, rodeados de agua.
También con Yollocalli, Mejia tuvo la oportunidad de crear arte para los festivales de música Lollapalooza y Sueños del 2024, en los que desarrolló varias pinturas aplicando aerosol sobre grandes cubos. Mediante el uso de colores muy vivos y fuertes, ella utilizó a diversos personajes y diferentes diseños de estampado y objetos como un pintalabios o un micrófono.
“Nunca pensé que mi arte llegaría a ese nivel”, dijo Mejia. “Creo que mucha gente de nuestra comunidad no piensa que puedes hacer algo muy importante con el arte”.
Ella ha sido parte de la organización por cinco años pero quiere salir del programa después de este verano para darle la oportunidad a nuevos miembros.
Para Fernando Ruiz, uno de los coordinadores de Yollocalli, haber visto a Mejia crecer como artista durante este periodo ha sido algo increíble.
“Nos encantaron todos los trabajos que produjo ella misma y con nosotros”, dijo Ruiz. “Esperamos poder seguirla apoyando, tenerla lo más cerca posible dentro de la organización”.
Esta pasión por el arte no es nueva para Mejia.
Desde pequeña estuvo envuelta en el mundo del arte gracias a sus padres. Además de ser maestros de Chicago Public Schools, su papá es un ilustrador y su mamá es una gran fanática de Frida Kahlo. Su madre la inscribió en programas de arte para jóvenes como el del Museo Nacional de Arte Mexicano.
“Creo que eso me ayudó muchísimo a dar rienda suelta a mi creatividad”, dijo Mejia.
Su identificación con La Villita y su espíritu artístico la impulsaron a estudiar en la universidad. Luego de considerar varios programas de bellas artes escogió a Columbia College por el ambiente de comunidad que allí encontró.
“Cuando hice la visita guiada allí, sentí que resonaba un poco más con la comunidad”, dijo Mejia. “Me pareció un lugar un poco más agradable y tolerante que las otras universidades de artes que visité”.
Sobre sus clases, dijo que los recursos que ofrecen en Columbia le ayudaron a expandir sus horizontes artísticos. Antes, solamente dibujaba en su cuaderno o producía obras mayor dimensión con Yollocalli. Poco tiempo después, estaba aprendiendo otras formas de arte como el grabado, el dibujo figurativo y la pintura de bodegón.
Mejia dijo que pasaba mucho tiempo en los espacios de creación de Columbia, y ahí conoció al profesor de instrucción Atlan Arceo-Witzl. Mejia tomó una clase de sellos y plantillas que él estaba enseñando.
Arceo-Witzl dijo que el uso de colores y técnicas que Mejia utiliza presenta elementos de nostalgia y que su arte ha madurado en los dos últimos años desde que la conoció.
“Fue genial ver su proceso”, dijo Arceo-Wiztl. “Creaba capas de color, luego lo observaba, lo evaluaba, y a veces, volvía a un color que ya había utilizado. Nunca había visto a un estudiante trabajar así.”
Durante ese periodo, Mejia conoció a Camryn Mather, estudiante del programa de gestión de artes quien se graduó en 2025, un año antes que Mejia. Mather le recomendó una organización a la que ella pertenece.
The RIA Experience, o Real Innovative Artists, organiza exhibiciones de arte y reuniones comunitarias en la ciudad. Mather le preguntó a Mejia si a ella le interesaba, como para probar algo nuevo, organizar una exposición. En la actualidad, Mejia es parte del equipo que se encarga de organizar exposiciones y galerías.
Mather piensa que Mejia es una buena artista por su versatilidad en producir varios tipos de arte, representando su cultura y valores de vida.
“Ser artista no es solo una carrera o una profesión, es una forma de vida”, dijo Mather. “Su obra no es simplemente algo que ella hace, es una expresión de quién es ella”.
Mejia dijo que en el futuro desea obtener su maestría en estudios de museos y trabajar como profesora de bellas artes. Mientras tanto, ella continúa creando murales en su barrio y organizando exhibiciones. Respecto a sus murales, ella quiere reflexionar sobre la presencia de la amistad y ambiente de comunidad que encuentra en su vecindario.
“Todos nos ayudamos unos a otros. Todos nos animamos mutuamente. Somos muy amigables los unos con los otros. Siempre conversamos entre nosotros”, dijo Mejia. “Así que, creo que ver esas cosas donde vivo me ha dado más color en la vida”.
Editado por Camila Verzino
Este articulo también está publicado en la edición impresa del Chronicle.
