Logan Square sigue prosperando en medio de su diverso entorno, hogar de numerosos residentes latinos. Sin embargo, justo por encima de sus escaparates y viviendas, los alquileres suben silenciosamente, los contratos de arrendamiento se acortan y los letreros de “se alquila” comienzan a reemplazar los nombres que alguna vez figuraron en el barrio.
Sin embargo, el barrio ha cambiado muchas veces con anterioridad. Tras la Primera Guerra Mundial, la población de Logan Square experimentó un auge, a medida que se establecían los primeros inmigrantes en llegar, polacos de clase trabajadora y judíos rusos.
Según la Enciclopedia de Chicago, en la población de Logan Square hubo una lenta transición a lo largo de la década de 1960 y, para 1990, los latinos constituían casi dos tercios de la población del barrio, los grupos más numerosos siendo los puertorriqueños, los cubanos y las poblaciones procedentes de América Central y del Sur.
Luego, la crisis inmobiliaria de 2008 provocó una gran cantidad de ejecuciones hipotecarias en viviendas de bajo costo y, a medida que la recesión llegaba a su fin en 2012, el desarrollo de Logan Square despegó, mencionado en un artículo de Rose Werth y Palenque LSNA.
Ahora, con cambios más recientes como la implementación de carriles para bicicletas, los residentes y propietarios de negocios latinos de Logan Square se enfrentan a una presión creciente, a medida que los alquileres y la reurbanización transforman el vecindario.
El propietario de Supermercado Barrera, Hedilberto Barrera, señaló que un cambio pequeño pero drástico que ocurrió frente a su negocio en Milwaukee Ave fue la implementación de carriles para bicicletas.
“Ya no dejan mi gente para estacionarse ahí”, dice Barrera. “Si tienen mucha suerte, se encuentran allí enfrente”.
Barrera señaló que, antes de la implementación de carriles para bicicletas, había doble de espacios de estacionamiento, lo que permitía una mayor clientela.
Desde ese tiempo, hay algunos clientes que buscan una manera para comprar con uno manejando y mientras el otro se baja a comprar.
Barrera también dice que antes, los clientes llevaban carros llenos de productos pero ahora, ni una canasta se llena.
Tras décadas de moldear la identidad de Logan Square, los propietarios de negocios latinos se encuentran ahora navegando por un barrio que está cambiando más rápido de lo que muchos pueden seguir.
“Ha afectado al negocio simplemente por el tipo de clientes que vemos en el día a día”, dijo Miriam Juárez, hija de la propietaria de Celeste’s Flower Shop.
“Muchos de los clientes que veíamos a diario eran, obviamente, latinos con la mayoría mexicanos y creo que, con el paso de los años, hemos visto cada vez menos latinos”, ella dijo.
Juárez ha observado que ella y su familia se han adaptado a estos cambios con el fin de atraer a la población emergente de Logan Square.
“Gran parte de nuestro negocio no proviene de las personas que entran en la tienda. Todo nuestro negocio proviene de nuestra tienda en línea”, dijo Juárez, y añadió, “tuvimos que abrir una tienda en línea; de lo contrario, habríamos cerrado hace mucho tiempo”.
Algunos propietarios de negocios cercanos dicen que también han notado una disminución en los clientes hispanohablantes en los últimos años.
“Definitivamente hemos notado un cambio enorme en nuestra población hispanohablante desde las elecciones”, dijo Eric Stuck, uno de los propietarios de Vern and Sonny’s en Logan Square. “Los chicos que andan en bicicletas de piñón fijo por él 606 con sus padres ya no vienen”.
El 606, un parque y sendero, se inauguró inicialmente en agosto de 2013 y se extiende desde Wicker Park/Bucktown hasta la zona de Humboldt Park/Logan Square.
Stuck afirmó que es difícil saber exactamente por qué se ha producido el cambio, pero cree que la aplicación de las leyes de inmigración podría estar desempeñando un papel.
“¿Es difícil saber si simplemente han envejecido un poco? ¿O si esas personas no salen en público por otros motivos?”, dijo. “Ha sido un gran cambio. Podría nombrar a tres o cuatro personas a las que no he visto en un año”.
Ciro Olivares Jr., hijo del propietario de La Canasta Bakery en Logan Square, también ha enfrentado cambios similares.
“Es bueno que embellezca el vecindario; todo el mundo quiere tener un vecindario agradable, ya sabes, uno no quiere vivir ni trabajar en un lugar feo”, dijo Olivares.“Lo malo de eso es que suben los impuestos”.
“En cuanto ves aparecer el 606, empiezas a ver cómo derriban estas casas abandonadas”, dijo Olivares, y añadió que son reemplazadas por condominios.
Los propietarios han manifestado si deberían o no permanecer abiertos debido al aumento del alquiler.
“En esta tienda, yo no sé cuánto tiempo vaya a permanecer. El alto costo de la renta? Lo pagó. Los impuestos que se pagan, y no se vende suficiente, ¿por qué me quedo?” dijo Barrera.
Editado por Brandon Anaya