Para Laysha Adame, estudiante de tercer año de ilustración, ir a clase este semestre se sintió como un riesgo calculado. Después de ver videos y escuchar los informes sobre las actividades del servicio de inmigracion y control de aduanas (ICE) en su barrio, dijo que hasta salir de casa requiere una mayor precaución.
La experiencia de Adame refleja una tendencia general entre los estudiantes que se desplazan a diario a la universidad, muchos de los cuales afirmaron que la información sobre las actividades de ICE en Chicago cambiaron la forma en que viajaban al campus este semestre.
“He visto videos de mi propio barrio, justo enfrente de mi supermercado, de un hombre siendo perseguido por agentes de ICE”, dijo Adame. “Mi familia ha visto al ICE. Mi hermano estaba cerca de un Dunkin Donuts y vio cómo detenían a alguien, así que definitivamente están presentes en mi área”.
Durante todo el semestre, los estudiantes que viajan diariamente a la universidad se han enfrentado a una barrera inusual e inquietante que les impide asistir a clases: la presencia generalizada de agentes de inmigración y control de aduanas en el área metropolitana de Chicago después de que el gobierno federal lanzó la operación Midway Blitz en septiembre. Para muchos, los viajes normales se convirtieron en un riesgo calculado, condicionado por el miedo, la incertidumbre y la sensación constante de vigilancia.
El servicio de Inmigracion y Control de Aduanas no revela públicamente la fecha ni la ubicación de sus operativos, los estudiantes que se desplazan a diario a la universidad dijeron que los informes sobre la actividad del ICE cerca de las estaciones del transporte pública, las vistas de ICE en los barrios y los videos modificaron la form en que se movían por la ciudad este semestre. Varios estudiantes comentaron que el medio afectó su capacidad para asistir a clase con regularidad, concentrarse en sus estudios y participar en la vida universitaria, lo que llevó a algunos profesores a ofrecer flexibilidad en relación a la asistencia y las fechas límite.
Adame dijo que los avistamientos han transformado su forma de moverse por la ciudad. “Cuando voy a mis clases, siempre estoy energizada”, dijo. “No pongo música a todo volumen en mis audífonos, miro a mi alrededor, siempre llevo mi identificación y mi teléfono a mano por si acaso pasa algo malo”. Describió cómo consultaba sitios web como “ICE-Watch” antes de salir de casa, convirtiendo lo que antes era un viaje en tren normal a una rutina diaria de vigilancia extrema.
Para los estudiantes que viven cerca de centros de detención, el miedo era aún más inmediato. Mehida Toledo, estudiante de último año de diseño gráfico que completó su último semestre este otoño, vive a solo minutos del centro de detención de Broadview, un punto focal de las operaciones de inmigración en el condado de Cook.
“Con todas las redadas, no puedo ir a mis estaciones de siempre”, dijo Toledo. “Solo salgo para tomar el tren y el autobús. No conduzco, no veo a mis amigos, no voy al centro comercial y es lo peor del mundo porque estoy encerrado en casa limpiando o haciendo la tarea”.
Toledo dijo que algunos de sus profesores abordaron la situación directamente. “Decían: ‘Conocemos la situación con ICE. Si alguna vez se sienten inseguros, no tienen que venir a clase'”, dijo. “Fue cuando se informó por primera vez que ICE estaba cerca de las estaciones de la CTA”.
Aunque la política de ICE se centra principalmente en los inmigrantes indocumentados, los estudiantes enfatizaron que el miedo se extendía mucho más allá de su estatus migratorio.
Janet, estudiante de segundo año de cine y televisión, dijo que su ciudadanía le ofrecía poca tranquilidad. “A veces tengo miedo, aunque soy ciudadana”, dijo. “Es una clara sensación de perfilación racial. Siempre que había ICE cerca, especialmente durante los eventos escolares, intentaba esconderme en los edificios o alejarme de ellos”.
Esto ha tenido un impacto en su vida escolar. “Mi padre tuvo dos compañeros de trabajo detenidos por ICE, y en mi familia eso los ha asustado mucho y los ha llevado a ser más cautelosos y a no asistir a clases”, dijeron. “Esto ha afectado mi progreso académico y mi salud mental debido a la enorme paranoia que sentía por mi seguridad y la de mis padres”.
Incluso los estudiantes sin familiares indocumentados sintieron la presión del alrededor. Mateo Suárez, estudiante de segundo año de negocios y comunicaciones, dijo que ha dejado de usar el transporte público.
“De hecho, evité el transporte público por completo y, sobre todo, usaba Ubers o viajaba con otros”, dijo. “Aunque soy ciudadano, ver a cuántas personas se estaban secuestrando, y además eran ciudadanos, era demasiado arriesgado para mí”.
Suárez comentó que varios de sus amigos han tenido familiares detenidos. “Genera un miedo enorme”, dijo. “Porque si te detienen, no va a ser nada bueno”.
La Facultad también vio los efectos de la presencialidad en sus clases, principalmente en los asientos cada vez más vacíos a lo largo del semestre.
“Hemos hablado con profesores que comentaron que algunos de sus estudiantes no se sienten cómodos viajando al campus”, comentó Gabriela Díaz De Sabatés, profesora asociada del departamento de Humanidades, Historia y Ciencias Sociales. “La mayoría, si no todos, querían hacer algo al respecto: cómo mantener sus carreras y sus clases sin poner en riesgo la seguridad de sus estudiantes”.
Díaz De Sabatés afirmó que, a pesar de la amenaza inminente, lo que más destacó este semestre fue la solidaridad entre profesores y estudiantes. “Esta situación nos une, nos hace apoyarnos mutuamente”, afirmó. “Lo que me parece muy conmovedor e importante es ver quiénes son nuestros aliados, mirar a nuestro alrededor y ver a las personas que nos apoyan. Chicago está ahí para apoyar a nuestras comunidades y garantizar que se vean lo menos afectadas posible por estos tremendos impactos negativos”.
La administración reiteró este sentimiento de apoyo. Nate Bakkum, vicerrector asociado sénior de operaciones académicas, indicó que las instrucciones a la facultad era que se mantuviera flexible y comprensivo con las ausencias relacionadas con la actividad de ICE.
“Nuestra orientación al profesorado ha sido constante durante todo el semestre”, declaró Bakkum en un correo electrónico a la Crónica. “Sabemos que los estudiantes enfrentan presiones diversas y desafíos que pueden hacer más difícil participar plenamente en clase cada semana, y estas presiones se han visto crecer por la actividad reciente en el área de Chicago”.
Dijo que los líderes académicos han seguido enfatizando “la amabilidad, la comprensión, la flexibilidad y el apoyo para garantizar que cada estudiante tenga la mejor oportunidad de tener éxito”.
Reportaje adicional hecho por Aaron Guzman y Viviana Richely
